Evolución del saxo a través del jazz - Capítulo XIV

Por Enrique Propato ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.).

 

Quiero hacer un paréntesis en la cronología del relato, e insertar un capítulo dedicado al saxo en la Argentina.

Si analizamos los saxofonistas argentinos que han transitado por el jazz desde los ‘50 en adelante, citaré nostálgicamente a aquellos más conocidos y vinculados propiamente al jazz, y que han aportado su cuota de pasión y difusión del genero a través de diversos niveles de profesionalismo. En la época heroica en que casi no llegaba nada grabado a estas pampas chatas, se la rebuscaron para formarse y “reinar” como sustitutos locales de los admirados maestros americanos, y también a los que actualmente lo hacen luchando contra la falta de lugares y remuneración (lo cual atenta contra la posibilidad de evolucionar e insistir en desarrollar un estilo propio).

Debo mencionar aquí a músicos como Chivo Borraro, del gordo Ferramosca, de Barone (que terminó siendo flautista en el Colón), del inefable Bebe Eguia, de Jorge Anders y su aventura americana, del gran “alemán” Schneider, des impecable Chachi  Ferreira, de Baraj, de Varela, de Tenreiro, de Tissera, de Freigido, de Hugo Pierre, de Golberg, del superprofesional Scorupsky, de Felman, de Boiarsky (quien  alcanzó un gran nivel internacional), de los muy creativos Carlos Lastra, Rodrigo Domínguez, Pablo Rodríguez, Victor Malvicino, Ricardo Cavalli y tantos otros que seguramente no me saludarán mas, por haberlos omitido.

Hay uno que emergió en la misma época que los citados en primer término, y estando por encima de todos en su época, se fue a Europa. Después de luchar muchos años, consiguió finalmente la fama internacional: me refiero a   Leandro ‘el gato’ Barbieri, sin dudas el más dotado y talentoso de los saxofonista argentinos de esa época, más allá de su éxito alcanzado por la música de la película Último Tango En Paris, y sus posteriores intervenciones en EE.UU. Hasta el momento de irse a Europa tocaba saxo alto, para luego pasarse al tenor, con el cual logró imponer algo reservado para muy pocos: un poderoso y apasionado sonido, absolutamente único y personal, e instantáneamente reconocible. Aunque su éxito llego por vía de la música comercial incidental, su oficio jazzístico fue cimentado desde muy joven por innumerables jam sessions, en YMCA o en un boliche inolvidable en la calle Córdoba frente a la Alianza Francesa que por los años ‘55 se llamaba Le Roi, en donde compartía temas con Lalo Schifrin en piano, Pichi Mazzei en batería, Lopez Ruiz en bajo, Bicho Casalla en trombón y Ruben Barbieri en trompeta.

Nuevamente, y parezco un pesado reiterativo, su aporte pasa por el sonido. producto de una laboriosa búsqueda que duró años. Sin embargo, Barbieri, dueño de una personalidad conflictiva, atildada e introvertida, siempre tuvo una tendencia a militar en retóricas intelectuales y políticas (cosa que no me interesa entrar a  analizar), pero que en alguna manera lo han llevado a transitar por expresiones eclécticas de discutible calidad, teñidas de un declamado “compromiso político” o, mejor dicho, con “raíces” (esa palabrita tan bastardeada). Es una especie de Dr. Jeckill y Mr. Hyde, según en qué momento y qué cosa se lo encuentre tocando, puede llevarnos a su apasionado mensaje, o a un pesado y reiterativo discurso de yeites, sobreagudos y gritos vacío de todo contenido, y que poco habla del talento que los que lo conocemos de “potrillo” sabemos que tiene. Quisiera alguna vez volverlo a escuchar tocar una simple balada, sin pose, sin disfraces! Mi fantasía sería que fuera Blue in Green de Evans, con la esperanza de que suceda lo mismo que con Jarret, quien luego de años de probar toda la pirotecnia circense retórica pianística, se puso a tocar simples standards junto a Gary Peacock y Jack DeJohnette, y nos voló la cabeza.

A partir de los ‘80 se produce un nuevo reacomodamiento del rol del saxo en la música popular, que excede el ámbito del jazz:  el instrumento comienza a ser cada vez mas utilizado en áreas dominadas exclusivamente por la guitarra como en el rock y en el pop. Por otra parte, la afirmación de la salsa como género internacional volvió a requerir de grupos más amplios con sección de saxos y de trompetas (instrumento que también había sufrido el avance casi excluyente de la guitarra).

El estilo salsero debe su explosión mundial a su vital y muy comunicativa “polenta” rítmica” y sonora, terreno en donde la guitarra “pierde” frente a la presencia de una sección de vientos. Este género, de aparente “liviandad” por su directo mensaje, no tiene nada de sencillo para ser ejecutado, pues requiere del dominio de un particular fraseo rítmicamente complejo, y de un registro (en particular para la trompeta) de elevada exigencia. Tiempo atrás, el gran trompetista argentino Diego Urcola (con una carrera internacional ya consolidada a partir de su integración al grupo de Paquito D’Rivera y otros) me comentaba que, estando él estudiando en la universidad de Berklee, EE.UU, salía a tocar en diversos lugares del circuito latino (portorriqueños y cubanos en su mayoría) para ganar unos pesos y, por encima de todo, para “foguearse como profesional”.   En esos lugares el ambiente era “muy pesado”, y el que se animaba a subir a escenario debía estar muy seguro de poder mostrar mucho sonido y, por encima de todo, alturas de registro notables; caso contrario, podía ser bajado del escenario sin mas trámite, inclusive con peligro para su integridad física y la de sus instrumentos.

Como anécdota contaba que es costumbre en esos lugares que al músico se le pague antes de tocar, de esta manera “la casa” no se responsabiliza de lo que pase después, ya sea con los músicos o con sus instrumentos.

Volviendo a los saxofonistas argentinos, mi opinión es que recién hace poco tiempo se ha formado una generación de instrumentistas de gran nivel profesional, que han dejado finalmente atrás, esa característica simpática pero en gran medida amateur que exhibieron muchos músicos argentinos del jazz, con las excepciones antes mencionadas. En relación a la identidad del mensaje jazzisticamente hablando, no les quita merito decir, según mi opinión, que no pueden eludir la influencia de los grandes maestros americanos, muchos de los cuales ya hemos mencionado en estos artículos, más allá que a algunos de ellos, por razones de consumo, se los escuche a veces en formaciones de fusión jazz/tango de retórico y no muy interesante lenguaje sonoro. Es que pretender originalidad en música a esta altura del nuevo siglo ¡es casi una utopía!