Hoy traemos un artículo escrito por Reinier Aldazabal Manzano, que trata sobre el jazz cubano contemporáneo. Este artículo es una síntesis de su trabajo para obtener su diplomatura.

El jazz cubano contemporáneo, así como sus prácticas de producción y de consumo, originan por igual interés tanto de entendidos musicales, sociólogos de la cultura y comunicólogos. Y es que como sustraerse de reflexionar en torno a  una expresión cultural y lúdica que da cuenta de una tendencia a la permanente renovación-innovación tanto de talentos como ritmática, convocando a públicos cada vez más heterogéneos.

Fue bajo este hálito que ganó  cauce un estudio acerca del consumo del jazz para un estudiante de comunicación social, quien se interesó desde el inicio por desmitificar la creencia bastante extendida de que es el jazz una práctica cultural elitista. Tal vez desde la propia historia de consumidor del investigador sobre ese jazz que hacen los jóvenes talentos cubanos actualmente, el autor  se resistía a definir de una forma tan simple, intuitiva y generalizada, las aristas de consumo de un fenómeno que como toda apropiación creativa genera complejidades y no siempre coincidencias unívocas en todo el público receptor.

 

De las Descargas sincopadas…

Numerosas fueron las fuentes utilizadas para desarrollar el estudio. Entre ellas destaca la obra de Don Fernando Ortiz, quien, como dijese José A. Matos Arévalos, “no dejó nada oculto, nada por descubrir, y sí por estudiar”. En tal sentido, resultó muy útil para la pesquisa el concepto de transculturación que recomienda Don Fernando para comprender  el proceso transitivo de una cultura a otra.

La investigación se centró en explorar los usos sociales del jazz en La Habana por parte de los públicos concurrentes a los conciertos de la joven hornada de jazzistas jóvenes. Más que medir las respuestas del público ante determinados estímulos, el estudio se interesó en aquella producción simbólica oculta en los usos.

Se pudo constatar en la pesquisa el alto nivel que posee el jazz cubano actual, sobre todo el Movimiento de Jóvenes Jazzistas. Al tiempo, se destaca la labor del sello discográfico Colibrí, que ha registrado en su catálogo El Joven Espíritu del Jazz Cubano lo mejor de la creación jazzística de las nuevas generaciones.

Los conciertos por dentro…

En tanto entornos favorables para el desarrollo de prácticas comunicativas que confirman la existencia de diversos usos sociales, los conciertos son espacios en los cuales se expresa una amplia tipología de satisfacciones y saberes que emanan del consumo.

Las sesiones del JoJazz, así como otras presentaciones que tuvieron lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes fueron los escenarios escogidos para realizar parte del estudio, si bien fuera de estos entornos tuvo lugar la otra parte de la investigación con el objetivo de privilegiar el componente empírico, la voz de cultores del género y musicólogos de prestigio a través de entrevistas a Bobby Carcassés, Giraldo Piloto, Harold López-Nussa, Dayramir González, Ernesto Camilo Vega, Gastón Joya, Gloria Ochoa y José Dos Santos. Sus criterios facilitaron la aprehensión del fenómeno estudiado.

Durante la pesquisa se comprobó la existencia de un auditorio de jazz heterogéneo en dos niveles. El primero de ellos se refiere a la heterogeneidad del público en cuanto a edad, raza, sexo y nivel de escolaridad. Entre los 18 y 35 años de edad oscilan las edades de gran parte del público. Existe una mayor presencia de mestizos y negros de ambos sexos y vinculados al estudio o al trabajo. El otro nivel de heterogeneidad se debe a la posesión de un capital cultural diverso por parte del público. Por tal motivo, los públicos del jazz constituyen un auditorio heterogéneo, no elitista. Tal diversidad se corresponde con la naturaleza mestiza de la cultura nacional y el género. Igualmente, pudo corroborarse que el gusto por el jazz es un factor que cohesiona a los sujetos, de ahí que sea su principal rasgo identitario.

En cuanto a la promoción del jazz a nivel institucional, aunque ha aumentado en los últimos años, todavía es insuficiente, adquiriendo mayor protagonismo aquella que se realiza a nivel informal, de tal suerte musicólogos y jazzistas expresaron similares opiniones. Acerca de los usos sociales del jazz puede decirse que los sujetos se apropian de este género desde la colectividad. Ello, en gran medida se debe a la amalgama que se produce entre sus competencias culturales y las melodías y armonías propias del jazz. Este proceso de internalización pudo comprobarse mediante la expresión de prácticas comunicativas que forman parte de los usos sociales del jazz tales como prestar atención al concierto, vítores, aplausos y movimientos acompasados de los pies y las manos.

El consumo del jazz cubano por parte de los más diversos públicos se debe, en alguna medida, a las industrias culturales discográficas y mediáticas. No obstante, aún falta mucho por hacer para lograr que los públicos estén medianamente satisfechos, principalmente porque faltan espacios regulares donde puedan presentarse los jazzistas.

En suma, estudios de esta naturaleza vienen a continuar aquella labor de autognosis que realizase Don Fernando. Está investigación significó un paso de avance en el desarrollo de investigaciones sobre los procesos de recepción y consumo de los diversos bienes. No obstante, este ámbito aun constituye un objeto de estudio fértil que apenas ha sido explorado desde la comunicología. Al ser ubicada la comunicación en la cultura, y ella a su vez en las prácticas sociales, la apuesta por lo popular traerá consigo que la investigación sobre comunicación en la Isla alcance niveles de progreso que hoy no posee. Pensar la comunicación desde su lógica cultural y viceversa es vital para el desarrollo de esta área del conocimiento. Por tal motivo, el estudio de los usos sociales  supone un enfoque pertinente, novedoso y necesario, capaz de develar matices inherentes a los receptores.