El show de Billy Cbham empezó a las 21:35, con la presentación del grupo invitado liderado por Mariano Loiacono en trompeta, Ramiro Flores en saxo alto y soprano, Pablo Motta en contrabajo, Hernán Jacinto en teclados y Oscar Giunta.

Tocaron por aproximadamente media hora tres de sus temas: Jujú, Get Down y Some Miles Away. Demostraron que son cinco excelentes músicos (que, a decir verdad, no tenían nada que envidiarles a los que vendrían después) y que realmente entienden los momentos de una canción, pasando por diferentes matices sin perder la concentración y la calidad de interpretación. El más aplaudido por el público fue Giunta, y fue totalmente merecido: su solo en el que tocó la batería con la palma de las manos fue brillante.

Luego, entraron los músicos principales de la noche porteña: Jean-Marie Ecay en guitarra, Fifi Chayeb en bajo, Christophe Cravero en teclados y violín, Marco Lobo en percusión y Billy Cobham en batería y dirección musical.

Desde nuestra ubicación, Jean-Marie Ecay parecía un guitarrista salido de grupos de rock como The Who o Led Zepellin (pantalones ajustados, pelo largo y rizado), pero cuando tocó sus primeras notas nos dimos cuanta de que no lo era: sus solos de jazzrock denotaban un músico de experiencia en este género y muy bien ensamblado con el resto de su grupo, con especial sintonía con el bajista y el tecladista.

Fifi Chayeb fue el que abrió el show. Antes de que se abra el telón, su base de bajo ya estaba sonando. Un bajo característica de la fusión: muy dotado tecnicamente, no se conforma con estar detrás del resto de la banda y casi no ser escuchado. Lejos de eso, Fifi fue el que se ubicó en el centro del escenario, se hizo escuchar y lo bien que hizo, ya que nos demostró que estaba a la altura de las circunstancias.

Christophe Cravero fue el polifuncional de la noche: tocó con igual calidad los teclados y el violín. No intentó sobresalir, pero para un músico de tanta calidad eso es inevitable: acompañó a la banda de forma excelente, y cuando le tocó a él ser escuchado no desentonó, ni con el piano ni con el violín.

Marco Lobo mostró una enorme cantidad de recursos a la hora de la percusión, y muchísimos instrumentos distintos que fue agregando a medida que el concierto avanzaba.

Y por último: Billy Cobham. El panameño es claramente uno de los individuos más importantes de la historia del jazz fusión, y ayer demostró por qué. Siempre atento, dejando lugar para que se destaquen sus músicos y a la vez luciéndose él mismo, Billy mostró que tiene una técnica de batería impresionante, que puede ser aplicada tanto al jazz como al rock. Nunca un golpe de más ni un golpe de menos, se lo vió en un excelente estado, tanto en la ejercución de la batería como en la dirección.

En conclusión, tanto los teloneros como los de Cobham dieron un show sin puntos bajos, y demostraron que el jazz siempre avanza.

Bueno, invitamos a los que tuvieron el gusto de estar allí a dejar su opiniones!