Los números del Festival:

15.000 espectadores

  • la cantidad de público que presenció los cinco días de recitales del encuentro.

200 artistas

  • participaron del festival; entre ellos, 37 músicos extranjeros y 150 locales.

49 shows

  • fue el total de presentaciones.

3 estrenos de obras

  • pudieron disfrutarse allí, a los que se suman la presentación de igual cantidad de documentales.

8 cruces de artistas de distintas nacionalidades

  • se dieron en el marco del festival de jazz porteño.

Dicen que los números no mienten. Si fuera así, hubo 15.000 espectadores en cinco días, 200 artistas, 37 músicos extranjeros y 150 locales, 49 shows en total, 3 estrenos de obras, 3 estrenos de documentales, 8 cruces de artistas de distintas nacionalidades.

Pero por más que no mientan, sin embargo, los números no alcanzan en sí mismos para explicar la experiencia del Festival Internacional Buenos Aires Jazz 2008, que se realizó entre el miércoles y el domingo últimos.

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Un festival que demostró que se puede hacer un encuentro de estas características con un alto nivel artístico y, al mismo tiempo, con un acompañamiento del público como pocas veces se ha visto para un género que, como repiten algunos miopes expertos, es un exquisito símbolo del elitismo.

Conciertos al aire libre y en teatros, jam sessions, películas, charlas. Visitas internacionales como las de Randy Weston, Billy Harper, Rosa Passos, Perico Sambeat, Javier Colina, Donny McCaslin, la Tolvan Big Band, Guy Klucevsek & Alan Bern. Artistas nacionales como Ernesto Jodos, Paula Shocrón, Manuel Fraga, Guillermo Klein, Enrique Norris, la Porteña Jazz Band, Mariano Otero, Walter Malosetti, Mariana Baraj, Egle Martin, Luis Nacht, la Antigua Jazz Band, Oscar Giunta, Fernando Tarrés, Juan Pablo Arredondo, Pepi Taveira, Mono Fontana, Argentos y Jerónimo Carmona, entre otros.

La experta mano del director artístico del festival, Adrián Iaies, se jugaba una partida difícil, pero el resultado fue inmejorable. Fue un festival en el que literalmente hubo de todo: por ejemplo, músicos extranjeros como los acordeonistas Klucevsek & Bern, que fueron verdaderas revelaciones para la mayoría de los porteños, lamentablemente no resultarían tentadores para que ningún empresario habituado a la rentabilidad segura los trajera al país para un show. Y este festival, que hizo de la variedad uno de sus ejes distintivos, lo hizo posible.

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El cierre, en un domingo soleado, terminó siendo la síntesis perfecta de una iniciativa con pocas fisuras. En el Centro Cultural Recoleta, poco después de una charla sobre literatura y jazz, cientos de personas llenaron el anfiteatro para ver a Malosetti. Y por la noche, la frutilla del postre: el debut porteño de la cantante brasileña Rosa Passos, en un teatro Coliseo en el que no cabían más espectadores.

Precedida por la impactante fusión del grupo Argentos, la bahiana, de voz tan pequeña como su cuerpo, pero con una seducción y una calidez gigantescas, conquistó a la platea con un disímil homenaje a los 50 años de la bossa nova, que incluyó desde clásicos de Dorival Caymmi y Tom Jobim hasta éxitos de Elis Regina, Djavan y María Bethania.

Passos trajo una compacta banda de cuatro músicos de neta extracción jazzera. Pero los mejores momentos del concierto se registraron cuando sólo quedaron la cantante, con su guitarra, y el contrabajista Paulo Paulelli. Allí, en un clima intimista, austero, la voz de Rosa alcanzó la temperatura justa, el color adecuado. A la picardía de "O que é e baiana tem" le siguieron la bella "Vocé vai ver", de Jobim, y una versión de "Aguas de marzo" que merece figurar en alguna antología.

Para confirmar el romance que nació entre esta mujer y el público porteño, Passos debió hacer tres bises ante las sostenidas ovaciones. Uno de ellos fue una versión a capella del bolero "Bésame mucho" que logró conmover hasta las butacas. Inolvidable.

Fuente: La Nación