Decrecimiento de la popularidad de las grandes bandas y el avance de la cultura pop
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En los ’40, el jazz era el baile social no local por excelencia. No exigía demasiada atención, sólo pedía “dejarse llevar por el compás”. Con los años, a medida que la convocatoria de las grandes bandas fue decreciendo, el jazz pareció reclamar una escucha más atenta y selectiva. No excluía a nadie, pero tampoco seducía multitudes.
Si para el tango el gradual alejamiento de las pistas de baile supuso una crisis profunda, para el jazz, en cambio, la era del swing fue reemplazada por más de un estilo o corriente, a la vez que la información que llegaba del exterior empezó a multiplicarse. El jazz de conjuntos pareció ocupar el “bache” entre el swing como estilo hegemónico y el rock como cultura emergente. Un nuevo pacto estético hizo del jazz en la Argentina una música que valía la pena tocar y escuchar. Este entusiasmo duró hasta los años ’60.
Desde el exterior llegaban tanto las nuevas corrientes del jazz como nuevos géneros de música emergentes. Entre las nuevas corrientes del jazz se pueden apreciar la revolución del bebop a cargo de Charlie Parker y Dizzy Gillespie, las orquestaciones refinadas de estilo de la Costa Oeste, el cool y la escuela de Lennie Tristano entre otras. Entre los nuevos géneros musicales emergentes el más importante fue el rock and roll, que llegaba junto a Elvis Presley. Muchos pensaron que el rock and roll era una moda más y por eso no se lo tomó seriamente.
Con las nuevas corrientes del jazz, este género musical seguía representando en diversos dialectos las condiciones sociales e históricas del mundo moderno (cual correa de transmisión bajtineana), pero ahora lo hacia a un ritmo de transformación tan veloz que ni los grupos de la sociedad que lo había gestado podían seguirlo fácilmente.
Avance de la industria Pop
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Es una simplificación muy divulgada afirmar que el gran público tomó distancia del jazz sólo a causa de su vértigo estilístico. En realidad, desde la aparición del cantante pop solista, la música de consumo conoció una expansión sin precedentes. La industria cultural (según el significado que le dieron Adorno y Horkheimer) de los cantantes pop iba ganado terreno al resto de los géneros musicales. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial se promovió, en Estados Unidos, la exportación de los más diversos productos norteamericanos, y entre ellos la música popular ocupó un lugar destacado. Saltando por encima de las clases sociales y las fronteras nacionales, una serie de cantantes de música pop (por ejemplo, Pat Boone y Paul Anka) se desplazó al centro de la escena. Con el apoyo de las industrias culturales se fue profundizando el estrellato del cantante en el mundo moderno, dominando el centro de la cultura de masas, creando las bases que en los ’60 sería “la música joven”.

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