A partir de hoy, comenzaremos con una serie de artículos que trataran sobre la difusión del jazz en la Argentina, con sus etapas en las que más aparecía en los medios de comunicación, y en las etapas que estuvo "prohibido".

El artículo de hoy trata sobre el surgimiento y los primeros desarrollos del jazz en los medios argentina.

 

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Comienzos del jazz en la Argentina

 

El jazz fue parte importante de la época posterior al fin de la Primera Guerra Mundial en la Argentina. Cada vez que se lo condenó por inmoral y obsceno, el jazz consolidó su posición de arte vanguardista. En los años veinte este género musical era de los más populares entre los jóvenes en los salones de baile. Fue menos exclusivo que otros fenómenos artísticos de aquel tiempo, pero el jazz tuvo en nuestro país (y en especial, en Buenos Aires) un recibimiento con gran entusiasmo popular. La música negra afirmó una presencia que, sin llegar a ser tan dominante como el tango, terminó por ser muy destacada en los años de oro del baile de salón.

 

Jazz en los medios en las décadas del ’20, ’30 y ‘40

 

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            Hacia 1925, el jazz tenía una presencia permanente en los periódicos de humor gráfico, la radio y el teatro. Con frecuencia, el humor gráfico comentaba sobre la existencia de la música norteamericana, como se puede apreciar en el fragmento extraído de Caras y Caretas que ridiculizaba al gabinete del presidente Alvear: “Año nuevo, vida nueva. Jazz-band criolla. Una de las tantas desafinadas orquestas del año. 9 profesores. Notable variedad de instrumentos. Repertorio único.”[1].

            Las publicidades del sello nacional Odeón incluían varias melodías de jazz a cargo de músicos identificados con la música negra. Las casas de música privilegiaban los instrumentos “nacionales” y sus publicidades no le daban importancia a la venta de instrumentos para el jazz. Pero a fines de aquella década, las grabaciones de músicos argentinos orientados hacia el jazz crecieron exponencialmente. Las orquestas de Adolfo Carabelli y Nicolás Verona se volvieron populares, y los bailes se poblaron de trompetas y saxofones. En esos bailes, fue cada vez mayor el número de argentinos jóvenes que se animaron a bailar como se hacía en los clubes de Nueva York y París. El jazz de a poco fue captando bailarines de tango y volviéndose más y más popular y logró adentrarse en la vida cotidiana de la gente.

            En los años posteriores, gracias a creciente apoyo de la población al ingreso del jazz a la Argentina, pudieron tocar y volverse populares varios músicos locales, entre ellos René Cóspito, Adolfo Ortiz, Rogelio Santander, Juan Salazar, Eric Mastrovicenzo, Carmelo Vanni, Adolfo Rossini, Juan Chinicci, Dante Varela, Sam Liberman, Juan Ibarra, Enrique Varela (aún vigente) y Adolfo Carabelli. También llegó el primer músico negro extranjero, Sam Wooding.

            Pasados los años ’20, las ciudades argentinas quedaron repletas de radioemisoras. La radiofonía pasó a ser uno de los blancos más apetecibles para la inversión de capitales. Allí surgió un hombre llamado Jaime Yanquelevich, dueño de Radio Belgrano. En sus estudios brilló el jazz junto con el tango con música de los jóvenes músicos locales de jazz. Los programas más populares de jazz de aquel momento se llamaban “Síncopa y ritmo”, “Jazz Hot”, “Jazz al dial”.

            ¿Por qué tenía tanto éxito el jazz? Quizás porque representa la esperanza de tiempos mejores, a diferencia del tango que tenía letras pesimistas (por ejemplo, el tango “Cambalache”). En aquel momento la Argentina estaba siendo gobernada por los regímenes militares de Uriburu, Justo, Ortiz, Castillo, Rawson, Ramírez y Farrell, en la llamada Década Infame.

            Los ’40 fueron los años de crecimiento comercial de la música negra en la Argentina. Esto fue gracias a los factores internos (reactivación de la economía) y externos (la moda mundial de las big bands iniciada unos años antes). La figura del músico elegante, peinado con gomina, con zapatos blancos y moviéndose simultáneamente con sus compañeros de hilera ganó una popularidad equivalente a la del músico de tango.

            El seguimiento hacia la Segunda Guerra Mundial, con la manifiesta inclinación de los argentinos a favor del frente aliado (más allá de la indecisión y vaivén de los grupos dirigentes) acentuó la preferencia por las grandes bandas perfectamente ensambladas que tocaban para el ejército victorioso. Las grandes bandas locales intentaron imitarlas, y en los años ’40 el jazz se convirtió en la música popular de aquel momento. Esto permitió que los músicos vivieran de su trabajo en la orquesta con un buen sueldo (seiscientos pesos mensuales). El jazz local sonaba cada vez mejor, cada vez más profesional y cada vez se ensayaba más.

            En los primeros años de la presidencia de Perón el jazz continuó en ascenso permanente. Había mucho trabajo, y aunque el nuevo gobierno no era pro Estados Unidos, las relaciones culturales se mantenían vigentes. Incluso era frecuente que músicos de jazz como Oscar Alemán tocaran en actos oficiales.



[1] Caras y Caretas. Buenos Aires. 10 de enero de 1925.