María Bethânia y Omara Portuondo presentarán mañana, en el Luna Park, el disco que las juntó por primera vez

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María Bethânia y Omara Portuondo entraron en un estudio de grabación y en pocas horas registraron un disco bellísimo de principio a fin. Canciones brasileñas y cubanas de los años 50, de autores como Marta Valdés, Gonzaguinha, Juan Formell, Orlando de la Rosa y Adauto Santos, cantadas en duetos y solos, acompañadas por una banda mixta formada por brasileños y cubanos. El proyecto discográfico se transformó en un espectáculo y después en una gira que las llevó por todo Brasil. Mañana, las dos cantantes llegarán al estadio Luna Park para recorrer ese material de sambas, boleros, sones y temas nordestinos, con un territorio en común, que hurga en las conexiones originarias que los dos pueblos tienen con el continente africano.

A la distancia, y cada una desde su lugar de origen, charlan por teléfono con LA NACION. La cantante bahiana María Bethânia, hermana de Caetano Veloso, está en la productora que tiene en Río de Janeiro, donde también funciona su sello. Entusiasmada, dice: "Es un encuentro muy distinto de todo lo que vengo haciendo. Es un disco más emocional", dice.

En Cuba, Omara Portuondo está asustada por una tormenta de verano. Atiende con parsimonia pueblerina, lejos de cualquier divismo: "Estoy segura de que va a gustarles mucho a los argentinos. A pesar de que las dos teníamos otros compromisos, quisimos hacer esta gira porque es un espectáculo muy hermoso", cuenta la estrella del Buena Vista Social Club, que acaba de terminar su nuevo disco solista.

María Bethânia (61) y Omara Portuondo (75) no se conocían personalmente. Las dos tenían una gran afinidad artística y se admiraban a la distancia. Omara había quedado fascinada por la forma de cantar de la bahiana cuando la vio en un festival de Baradero en los años 80. Durante una visita de la cubana a Río de Janeiro, en 2005, surgió la posibilidad de conocerse, almorzaron juntas y de esa comunión inmediata nació el proyecto. "Cuando me llamaron para decirme que María quería grabar un disco conmigo me puse muy feliz. Ella seleccionó el repertorio y los músicos. Me encantó su forma de trabajar. Es muy organizada y meticulosa. Logra un trabajo finísimo en todo lo que hace", elogia Omara.

Para María Bethânia el encuentro con la artista cubana fue un acto liberador y creativo. "Omara tiene una voz muy natural y la libertad del jazz para interpretar. Es como el lado materno y humano de la canción. A mí me permitió salir un poco del rigor de mis dos discos anteriores y de una expresión menos dramática. Es un encuentro de dos personas con visiones distintas, una más teatral y la otra más popular, con un repertorio que tiende puentes entre la identidad cubana y la brasileña. Todas esas diferencias dan mucho color al disco y al espectáculo."

Como en sus discos anteriores, Bethânia pensó todo el proyecto:"Cuando trabajé en este disco pensé en el encuentro musical y cómo podía convivir una música elevada con las artes de la música popular de nuestra región, que tiene toda esa riqueza y profundidad, que emerge del pueblo. Mi idea era lograr un pequeño retrato, como una fotografía de tres por cuatro de Brasil y Cuba", define la artista.

Omara recuerda los tiempos del filin cubano, el género que fusionaba boleros y jazz y la tuvo como una de sus máximas exponentes. Fue con el Cuarteto D Aida, donde también estaba Elena Burke, que llegó a Buenos Aires a principios de los 50. De ese entonces rememora: "Fue un viaje muy hermoso, escuchamos mucho tango y comimos un asado en la casa de Aníbal Troilo. Mire todo lo que me ha pasado en estos 70 años de profesión. Recién terminé de grabar un disco de boleros de toda mi carrera. Se llama Gracias , porque todavía tengo fuerza para cantar, disfruto de la vida y no puedo hacer otra cosa que dar gracias". 

Fuente: Gabriel Plaza, de la Redacción de La Nación