El saxofonista, que comenzó como intérprete de música clásica tocando la flauta y el corno francés, spresentó ayer con Hernán Jacinto, en teclados; Jerónimo Carmona, en contrabajo, y Oscar Giunta, en batería, y Federico Danneman, en guitarra.

Agustin Moya 

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La propuesta estuvo centralizada en la música del saxofonista que debutó en Buenos Aires. Tras un paso por la música clásica, primero como intérprete de flauta dulce y luego de corno francés, Moya descubrió que el jazz reflejaba mejor sus inquietudes en términos artísticos.

"Definitivamente, me costó entender a John Coltrane, por ejemplo y su forma de expresarse, tanto desde el mensaje como desde el sonido. Me sentí mucho más cerca de esta historia al escuchar a Sonny Rollins, que es uno de mis mayores influencias", señaló el músico, felicitado, nada menos, que por Dave Liebman, durante el workshop que hizo en la Emu, de La Plata.

"Fue muy estimulante para mí esa aproximación a las enseñanzas de Liebman; más aún, tras mi actuación en Buenos Aires saldré para Nueva York con el propósito de seguir estudiando con él", reveló Moya.

El músico encontró fuertes similitudes entre las escenas de jazz chilena y la de Buenos Aires. "Creo que existe una conciencia artística muy parecida y que está apoyada en propuestas originales. Hay composiciones y buenos intérpretes", explicó este saxofonista que descree del estudio académico del jazz.

"Es necesario manejar el lenguaje jazzístico y poseer sonido y vocabulario amplio, pero creo que lo fundamental es aventurarse a componer, tocar y comprometerse con la música", concluyó.