Por Marina Cavalletti

El músico marplatense llegará a Buenos Aires para presentar un trabajo solista asociado a la infancia, donde el jazz se fusiona con lo clásico y genera  interesantes paisajes sonoros. Antes de recrearlos sobre el escenario, Azcano dialogó con Jazzeando.

azcano

Tu trabajo Distancias tiene como motor una serie de viajes a tu ciudad natal, ¿cómo pensaste esa transposición de lo geográfico a lo musical?
«Distancias» es el título de una de las composiciones del disco, asociada a recuerdos de mi infancia, cruzando cientos de veces el paisaje pampeano: momentos en los cuales las distancias son tan inmensas que, aun recorriéndolas a gran velocidad, el paisaje parece detenerse en la ventanilla del vehículo. La inmensidad pone en duda el movimiento, la posibilidad de poder acercarse o alejarse de algo. Redescubrí esta sensación en la sección de improvisación de «Distancias», sus acordes «detienen» la progresión armónica.

 

¿Prefijaste ejes armónicos o emotivos, algún punto de intersección entre todos los tracks del disco?
El álbum agrupa una serie de composiciones propias y arreglos que toco hace muchos años y que me fueron acompañando por todo el mundo. Mis manos fueron recorriendo esas piezas en lugares muy diferentes: desde la pausa antes de un concierto en China, hasta un concierto privado en Londres o durante una residencia en el Palazzo del consulado suizo en Venecia. Y como se hacía antiguamente con los vinos de Madeira, donde se cargaban las botellas en bodegas de barcos que recorrían el mundo durante muchos meses para que el vino madure, fue pasando con estas piezas. Se fueron entremezclando con diferentes experiencias musicales y geografías y así terminando de tomar forma.

En tu técnica y tu obra se fusionan el universo jazzistico con el clásico ¿cómo arribás a ese sincretismo y qué te aporta cada uno de esos microcosmos al momento de tocar?
Es algo que se fue dando con los años. Durante mi adolescencia toqué mucho blues y jazz-rock. Al querer estudiar música tuve que retomar la guitarra clásica ya que era la única oportunidad de obtener un diploma en ese momento en Mar del Plata. En esa época tuve la suerte de conocer a Eduardo Isaac, que me mostró, además de una estética de sonido y una expresión en el instrumento nueva para mí, todo un repertorio fascinante: Leo Brower, Frederic Hand, Dusan Bogdanovic, Ralph Towner. En esos compositores encontré sonoridades que estaban cerca de Bill Evans, Keith Jarret y la música que yo escuchaba en ese momento. Paralelamente trabajaba por las noches tocando jazz con una banda en un lugar donde todavía la gente bailaba, tocando con músicos de swing que ya estaban de vuelta, o acompañando a un guitarrista de Rio de Janeiro, o con un cuarteto al estilo Grela-Federico, en fin: un ida y vueltas entre estilos que fue muy importante para mí. Luego conocí a Pino Marrone con el que estudié  varios años y me alentó  a explorar el jazz más seriamente. Terminé la carrera de guitarra clásica y gané por concurso unas cátedras en el conservatorio de Mar del Plata. A partir de esto empecé a conectarme con otros guitarristas compositores y a organizar seminarios rodeándome de gente que estaba haciendo cosas interesantes en la guitarra: Quique Sinesi, Carlé Costa, Sebastián Zambrana. En el 2000 participé por primera vez en el Festival Guitarras del Mundo, gané unos premios que me permitieron grabar un primer CD y empecé a tocar y a realizar pequeñas giras. En el 2003, Quique Sinesi y otros colegas me ayudaron a armar una gira por Europa. Ahí tomé contacto con el conservatorio de Ginebra, rendí los exámenes para hacer un diploma más en guitarra clásica. Pero luego la vida me llevó para otro lado, conocí a quien ahora es mi mujer en Lucerna y decidí pasar un tiempo en la parte alemana de Suiza. Así llegué al conservatorio de Zürich, donde me pareció muy interesante el programa de jazz. Rendí los exámenes para entrar directamente al ciclo superior e hice el programa completo de jazz donde estudié con Kurt Rosenwinkel además de cursar varias materias de composición y performance de la parte clásica.

Toda esa experiencia te ha llevado a diferentes proyectos…
A partir de ahí y en los últimos diez años, llevo adelante diferentes proyectos con músicos de distintas partes del mundo en diferentes estilos. Por ejemplo con mi dúo Ayres, junto al músico turco Taylan Arikan, hacemos composiciones propias explorando rítmicas de los Balcanes,; junto a  Volker Biesenbender – que fue el discípulo predilecto de Yehudi Menuhin – integramos improvisación dentro de programas clásicos. Formo también parte del Eos Guitar Quartet, un cuarteto de guitarra “clásica” pero súper abierto con 30 años de trayectoria y para el cual gente como Leo Brower, John Mclaughlin, Ralph Towner, Mike Stern han dedicado obras. Además tengo otro proyecto alrededor de las canciones de Astor Piazzolla con la cantante Marcela Arroyo, mi propio trio con el flautista austríaco Günter Wehinger, dúos con músicos como Javier Girotto o Juan Pablo Navarro... Así se va juntando quizá una gira por China con el cuarteto Eos tocando Vivaldi y Boccherini, pegada a otros conciertos haciendo de opening act a Dino Saluzzi con el proyecto de Piazzolla, fechas en Jazzclubs con el trío, además de mis actividades como solista y por ejemplo un álbum como “Distancias”.
Cada proyecto te exige cosas diferentes, a veces la fluidez y la claridad al improvisar como con el trío, otras veces la precisión técnica y la memoria como con el cuarteto, o cuestiones más sutiles, como el tema de crear un espacio estando sólo en el escenario.

Una revista alemana te analogó con Keith Jarret ¿cómo te llevás con las comparaciones?
El crítico de Akustik Gitarre no me analogó a mí con Jarret, sino que describió positivamente la música y el clima general de este CD, poniéndolo en sintonía con la música de este gigante. Supongo que es un gran halago y me pone contento que alguien en una publicación tan popular –que sin duda recibe muchos CDs para escuchar todo el tiempo-  elija este trabajo y publique una crítica acerca de  él y además busque semejante referencia para describir de qué se trata este álbum. Desde lo personal escuché durante muchísimas horas a Jarret y es una referencia mayor, así como Bach o Piazzolla, y tantos otros genios que son y serán un horizonte inmenso para mí y muchísimos otros músicos.

¿Qué mapa manejás para el concierto del domingo?
Voy a ir recorriendo las piezas del disco, y el hecho de estar en Buenos Aires me permitirá invitar a mis amigos Quique Sinesi, Juan Pablo Navarro, Gabriel Rivano y Sebastián Zambrana a recorrer conmigo algunas de ellas.

Radicado en Europa ¿cuál es tu mirada sobre el jazz argentino?
Mi mirada ha estado siempre muy vinculada a lo guitarrístico. Y con los años compruebo que el nivel de la guitarra argentina, ya sea en jazz, tango o música clásica, es siempre muy alto. Más allá de eso, es un placer venir a Argentina, cada vez descubro músicos increíblemente buenos cuya energía y calidad son una gran inspiración para mí.

La fecha
En su breve paso por Argentina y previo a su participación en el Festival Guitarras del Mundo realizará un único concierto en Buenos Aires en el que presentará su disco solista "Distancias", secundado por el reconocido contrabajista Juan Pablo Navarro, el domingo 16 de octubre a las 21hs. en Café Vinilo, Gorriti 3780, CABA. Localidades a $160 en venta en boletería o a través de www.cafevinilo.com.ar. Artista invitados: Quique Sinesi y Gabriel Rivano.